U6 Escritura del Segundo Acto U6

6.1 La confrontación

El segundo acto (Syd Field, 2005) es una unidad de acción dramática, enmarcada en el contexto dramático conocido como confrontación, que empieza en el nudo argumental al final del primer acto y llega hasta el segundo nudo argumental al final del segundo acto.

En la confrontación el protagonista enfrenta como reacción a sus intentos por alcanzar su objetivo, obstáculos, peligros, dilaciones, soluciones parciales y desvíos, que le  impiden alcanzarlo con mayor fuerza conforme avanza el acto; y se parte de pensar que cuanto más grandes sean las dificultades para el protagonista, mayor será el deseo del espectador de que se resuelvan. (Córdoba, 2008)

Entonces, una vez que en el planteamiento se definieron las necesidades del personaje y se presentan los obstáculos que se oponen a esa aspiración, en la confrontación se describe el conflicto, la lucha del protagonista por conseguir sus objetivos y es justamente porque el personaje confronta a las fuerzas o personajes que se oponen a que alcance su objetivo, que el segundo acto recibe el nombre de confrontación.

6.1.1 El punto medio
El concepto del punto medio fue creado pensando en la escritura de un guión de largometraje de una extensión estándar de 120 páginas, en el cual el primer acto abarca aproximadamente de la página 1 a la 30, el segundo acto de la página 30 a la 90 y el tercer acto de la página 90 a la 120.

Abarcando el segundo acto una extensión de sesenta cuartillas, es necesario ubicar dentro de la estructura de la historia algunos puntos de tensión (“punto medio” y “pinzas”) que ayuden por una parte a mantener el interés del lector y por otro a guiar al escritor durante el proceso de creación.

En ese contexto, el segundo acto se subdivide en dos mitades, en dos bloques de acción dramática, partiéndolo con un incidente que denomina Punto Medio, de tal suerte que la primera mitad del segundo acto se extiende desde el nudo de la trama al final del primer acto, hasta el punto medio y la segunda mitad del segundo acto se extiende desde el punto medio, hasta el nudo de la trama al final del segundo acto; quedando una primera parte dedicada a describir el padecimiento y una segunda parte compuesta de los primeros pasos hacia el futuro con el problema resuelto. (Córdoba, 2008)

El Punto Medio es una transición crucial, un destino, un faro que guía al escritor y le ayuda a mantener el rumbo en la ejecución de su trama argumental. El Punto Medio funciona como puente entre las dos mitades del segundo acto y puede ser una secuencia, una escena, una línea de diálogo, algún incidente que impulse la acción del segundo acto de manera que continúe avanzando con una línea de desarrollo concreta.

Es muy probable que en un cortometraje de cinco o diez minutos de duración no resulte indispensable definir y colocar un Punto Medio, debido a la corta extensión del guión, sin embargo, no está demás considerar la inclusión de uno, con el objetivo de darle la mayor solidez posible a la historia que se escribe. Y en ese sentido Syd Field señala que “Conocer el punto medio es una herramienta; con ella tiene usted una manera de centrar la línea argumental en una línea de acción determinada. Tiene usted una dirección, una línea de desarrollo.”

6.1.2 Contexto dramático y marco temporal
Otros elemento guía de gran importancia dentro del segundo acto es el “contexto dramático”, que se define como la idea o principio que enmarca la acción del protagonista a lo largo del segundo acto; la rúbrica que en unas cuantas palabras sintetiza lo que ocurre durante todo el acto y se vuelve referente integrador de todas las acciones del protagonista.

El contexto dramático del segundo acto de un guión puede ser la ruptura de una relación, el principio de unas vacaciones, alguien pierde repentinamente su trabajo o encuentra uno o los primeros tiempos de un matrimonio; como señala Syd Field (2005), el contexto dramático mantiene todo en su sitio a lo largo del segundo acto, es la idea integradora de todas las acciones, es el espacio dentro de la taza de café vacía, que mantiene el café en su lugar.

Otro elemento de gran relevancia dentro del segundo acto, sobre todo en un guión largo es el “marco temporal”, es decir, la ubicación en el tiempo en que tienen lugar las acciones de los personajes. Y en ambos casos, tanto el “contexto dramático” como el “marco temporal” proporcionan un mayor soporte estructural e incrementan la tensión dramática al determinar los obstáculos que tiene que superar su personaje para satisfacer su necesidad dramática.

6.1.3 Pinzas dramáticas y segundo nudo argumental
Es importante tener presente que como mencionamos anteriormente, que tanto el concepto del punto medio como el de la pinza dramática, surgen pensando en la escritura de un guión de largometraje de una extensión estándar de 120 páginas, pensando en ubicar dentro de la estructura de la historia algunos puntos de apoyo en el camino que ayuden a guiar al escritor durante el proceso de creación y a mantener el interés del lector; y es muy probable que debido a la extensión de un cortometraje, no sea indispensable utilizarlos, sin embargo, como herramientas es pertinente conocer para que sirven y en un momento dado utilizarlas si se considera necesario.

Ahora bien una pinza dramática es una escena o secuencia que funciona a modo de broche, como amarre para mantener el flujo de las acciones en el cauce correcto de camino a la resolución. Syd Field (2005) ubica dos pinzas dramáticas dentro de la estructura general de un largometraje, la primera entre el primer nudo argumental y el punto medio, y la segunda entre el punto medio y el segundo nudo argumental; que pueden ser escenas o secuencias donde tiene lugar un hecho significativo para el protagonista, algo que afecte sus intereses de alguna manera.

Por otra parte, el segundo nudo argumental es un incidente (Córdoba, 2008) que anuncia el desenlace y abre la puerta al momento de máxima tensión dramática denominado clímax, una cuenta regresiva que acelera el ritmo y aumenta la tensión al dar la sensación de que al protagonista le queda poco tiempo para lograr su objetivo. Si en los relatos de acción el segundo nudo argumental lo supone comúnmente como el descubrimiento de una pista clave, en las comedias románticas son los preparativos para una boda y en los dramas es algo que obliga a tomar una decisión drástica.

En su lucha por alcanzar su objetivo, el segundo nudo argumental representa para el protagonista un suceso o prueba que acelera los acontecimientos e impulsa la acción hacia el tercer acto, un suceso que tuerce el camino del personaje o agrava la situación ya existente y le sumerge en situaciones complicadas (crisis), hasta llegar a un punto de máxima tensión (clímax) que nos hace dudar de la consecución de su meta. (Fernández Diez, 2005)

6.2 Redacción del segundo acto
Según Syd Field (2005) la planificación, la preparación y la persistencia son las claves para escribir un buen guión, por lo cual, al igual que se hizo con el primer acto, la escritura del segundo empieza al hacer una planificación y preparación mental, al construir mentalmente la estructura general del acto, identificando el inicio, el punto medio, el segundo nudo argumental y las pinzas intermedias, así como el contexto dramático y el marco temporal; para posteriormente probar la funcionalidad de las ideas haciendo uso de escaletas, hacer los ajustes pertinentes y finalmente, ponerse a escribir.

De acuerdo con lo anterior, el primer paso es tener bien claro de qué trata la historia que se está creando, tener claramente definido hacia donde se dirige el guión, un punto de llegada, una meta, un destino; es decir, tener claro en donde inicia el acto (Primer nudo argumental) y a dónde debe llegar (Segundo punto argumental) para con base en ello planear la secuencia de  acciones que emprenderá el protagonista para llegar de un punto al otro.

Es conveniente iniciar este proceso por definir el punto medio de la historia, definir cual es el incidente, episodio, acontecimiento, línea de diálogo o decisión que divide el segundo acto en dos mitades; y como ayuda para clarificar las ideas que se tengan es de gran utilidad apoyarse en el paradigma, hacer anotaciones, representar gráficamente las ideas.

Es posible señalar arbitrariamente un incidente como punto medio, para darse cuenta al ponerse a escribir de que el punto medio está en otra parte y tener que cambiarlo y por ello es muy importante dejarse guiar intuitivamente por el personaje, por la situación, por la historia que se narra, repasar mentalmente las posibilidades y poner a prueba si funcionan.

Al respecto es de interés lo que menciona Syd Field (2005) en torno a lo importante que resulta probar todas las ideas que lleguen a la mente del escritor: “En mis talleres recordamos siempre que el taller va a constituir una oportunidad educativa; eso supone estar dispuesto a cometer errores. Pruebe cosas que quizá no funcionen. Es la única manera de crecer y evolucionar, de desarrollar sus capacidades.”


Una vez que se definió el punto medio de la historia es necesario preguntarse y decidir si la primera y la segunda mitad del acto tienen un mismo contexto dramático o uno diferente; y para definirlo es necesario responder qué ocurre en el segundo acto, responder qué hace el protagonista, a dónde va, cuáles son los obstáculos que se interponen entre él o ella y su necesidad dramática; responder qué idea o principio enmarca la acción y describirlo en unas cuantas palabras.

Definir el contexto dramático ofrece una base para planear las acciones necesarias para contar la historia, establece una línea argumental sobre la cual construir las escenas del acto, desde el primer nudo de la trama hasta el punto medio, y desde el punto medio hasta el segundo nudo de la trama.

Habiendo definido el contexto dramático se determina el marco temporal, es decir, definir qué extensión de tiempo abarca (un día, dos, un mes, un verano, veinte años, unas horas), considerando su revelación a través del cambio de ropa estacional con el paso del verano al otoño, el invierno o la primavera; por alusiones en el diálogo a días determinados popularmente reconocibles o por el uso de referencias a hechos históricos. Y así como con la identificación del punto medio, para definir el marco temporal es útil valorar las opciones y confiar en la historia, dejar que la intuición nos guíe para definir el marco temporal.

Finalmente, si se construyó un segundo acto con un punto medio habrá que colocar la primera y la segunda pinza intercaladas entre las dos mitades del segundo; aunque si la extensión del guión que se esta escribiendo es corta puede que no sean necesarias, recordemos que las pinzas son una herramienta pensada para ayudar a sostener dramáticamente guiones de 120 páginas de extensión.

El siguiente paso es utilizar escaletas para valorar las decisiones que se han tomado, para valorar la organización de escenas que se ha planeado,  empezando por el primer nudo argumental y avanzar  hasta el segundo nudo argumental, recordando que es necesario trabajar progresivamente, paso a paso, preparando las escaletas una por una, escribiendo frases cortas, simples y concisas que contribuyan a hacer avanzar la historia hacia el punto medio. Y en ese sentido sugiere Syd Field (2005): “Haga asociaciones libres; no ponga más de una cuantas palabras en cada ficha; <<Michelle en el trabajo>>, <<comida con Randy>>, <<en el entrenamiento de natación>>, <<entrevista con el periodista deportivo>>, <<en casa>>, <<discusión con la madre>>, <<corre a casa de Randy>> y así sucesivamente.” 

Habiendo terminado la organización de las escaletas es recomendable hacer un par de lecturas de ellas de principio a fin, y si es necesario, cambiar algunas palabras, escenas completas o simplemente reconfigurar el orden original, recordando que el objetivo es crear una línea argumental clara y simple.

Ahora bien, ya se estructuró el segundo acto dividiéndolo en dos mitades, estableciendo un contexto dramático y un marco temporal, así como las pinzas primera y segunda, lo cual permitirá que en la siguiente etapa del proceso se tenga una visión panorámica de la estructura que fija el curso de la historia, contar con un mayor soporte estructural, así como incrementar la tensión dramática determinando los obstáculos que tiene que superar el personaje para cumplir con su objetivo.

Una vez que se hizo todo el trabajo de preparación llega el momento de iniciar la redacción de las escenas del segundo acto, recordando en todo momento que se describirá al protagonista enfrentando obstáculos que le impiden satisfacer su necesidad dramática, haciendo que los personajes inicien cosas y provoquen acontecimientos, pues como se mencionó en unidades anteriores, el personaje es lo que hace, no lo que dice.

Al estar escribiendo el segundo acto, la historia irá cambiando y es posible que se escriba una escena y luego sea evidente la necesidad de añadir otra para dramatizar un aspecto de la historia en el que no se había pensado al organizar las escaletas, lo cual es una señal de que se está encontrando el centro de atención de la historia, por lo que es necesario dejarse llevar, permitir que la historia cambie, que encuentre su cause. Y si de pronto el segundo acto parece demasiado largo, con demasiadas escenas o páginas, es necesario dejar que así sea pues será posteriormente que llegue la oportunidad de hacer ajustes, de pulirlo.

También es muy probable que haya momentos en los que la redacción de las escenas tome un rumbo errático, en los que el escritor se sienta confundido, en los que esté intentando hacer funcionar algo que no funciona por más ajustes que se le hace y en torno a ello Syd Field (2005) recomienda no aferrarse a lograr que funcionen ideas que no funcionan, que en lugar de ello se ponga una pausa y se le eche de nuevo un vistazo al paradigma de la historia, que analizando su necesidad dramática se le “pregunte” a los personajes qué es lo que se tiene que hacer; para con base en las respuestas se hagan los ajustes pertinente, posiblemente cambiar de sitio los componentes estructurales o alterar un poco el contexto dramático.

Y con respecto a lo frustrante que pueden resultar tales momentos de confusión, Syd Field (2005) advierte: “Muchas personas simplemente abandonan en este momento. Creen en sus propios juicios, en sus propias valoraciones y sus propias opiniones. Se convierten en sus propias víctimas. Lo cierto es que ahora mismo no puede usted ver nada; no tiene ninguna objetividad ni visión general”, en referencia a que se está escribiendo sólo un acto de tres, a que es necesario tener una visión panorámica del todo para valorar la coherencia y la efectividad dramática de todos los elementos.

Finalmente es importante tener presente a lo largo del proceso de escritura del segundo acto que la confusión es el primer paso hacia la claridad y que la estructura del paradigma sirve como un mapa de carreteras del guión, que el escritor puede desviarse de la carretera principal y dedicarse a explorar un poco, pero si se pierde, se siente confundido y no sabe dónde está o hacia dónde se dirige, cuenta siempre con el paradigma como guía.


Referencias
Fernández Diez, Federico. (2005) El libro del guión. Díaz de Santos-Fundación Universitaria Iberoamericana.
Córdoba, Elbio. (2008) Taller de guión para cine y televisión. Recuperado  en Agosto, 10 de 2011, de: http://libromanual.blogspot.com/2009/12/taller-de-guion-para-cine-y-television.html
Field, Syd. (2005) El manual del guionista. Plot.
Last modified: Sunday, 22 April 2012, 10:01 PM